*A Víctor Octavio García, donde te encuentres.

*Cárdenas del Río y la Potestad de la República.

*Las pinches venganzas de Trump.

Amigo Víctor Octavio: leí tu comentario en estos mismos espacios. Cuarenta años en el perro oficio se dicen fáciles. Ha sido un largo recorrido por el que has transitado y créeme que recordé mucho a Rogelio Félix Félix quien me abrió las puertas de La Chispa, semanario que dirigía con valentía, precisamente en los días álgidos del Frente de Unificación Sudcaliforniano (FUS) de 1965 encabezados por un extraordinario humanista, el Dr. Francisco Cardoza Carballo quien curó física y socialmente a este pueblo, ayudado por otros luchadores sociales que ya se sentían hartos del coloniaje del centro de la República. Me puse nostálgico por aquellas épocas en las que con el Dr. Cardoza, se tuvo que enfrentar a la bayoneta y el máuser y cuando el pueblo sudcaliforniano era la escolta que lo acompañaba por doquier.

Una y otra vez, repasé cada renglón, estimado Víctor, y me detuve remontándome hacia el año de 1956, cuando realicé mi primera práctica intensa en Caduaño, ahí, adelantito de Miraflores, en la escuela cuyo nombre nunca olvidé, “El Estado de Tabasco”.

Caduaño de sus eternas ilusiones, esa cañada verde que me enseñó el alto valor del maestro rural y la ternura de la maestra María de Jesús Castillo Castro. Junto contigo, fui recorriendo los parajes donde nacieron mis raíces maternas, como, “El Veladero”, el cañón, la junta de los arroyos, allá donde quedaron tío Guillermo, Tata Valente, Tata Juan y las abuelas, Lucía, Antonia y María, todos ellos de apellido González García. Te vi bordeando acantilados, siguiendo con paciencia paso a paso, a un “jijuelachingada”, como tus llamas a los venados. Muchas veces te imaginé después de la expedición fructífera comiendo el asado de costillas, el lomito y los frijoles refritos entre mordida y mordida de chiles picosos. Sé de tus lazos amistosos y fraternales con la familia Almaraz, con tu catre y de madrugada recibir el yodo generoso de nuestros mares, pero además, el profundo amor por tu esposa y por tus hijos. ¡Sigue adelante, que te siga guiando la ley del indomable!: ni la calle ni en la cárcel, ni bajo el látigo, ni ante la subestimación de quien no sabe el evaluar el esfuerzo de los periodistas. Con las debidas distancias, hubo hombres como Marco Polo quien luchó contra fuerzas que aparentemente lo doblaban y su esfuerzo conquistaba el objetivo. No te desanimes, ya cumpliste, tienes hijos, escribiste tu vida y plantaste un árbol que ha dado frutos en la arisca soledad de la montaña, recuérdalo, Dios es la fuerza.

Si quieres saber una cosa, uno de los lemas de un personaje de Mario Puzzo, de su obra El Padrino, fue: Dios, Familia y Lealtad a tus principios .Al final del libro, llegas a conclusiones dramáticas porque los  buenos resultaron ser  malos y viceversa. Una vez, se le preguntó a Don Nacho Bañuelos Cabezud que sí que le parecía Francisco Zarco Mateos y respondió que era el arquetipo del periodismo en México y en pocas palabras lo resumió: “Zarco decía, el equilibrio en periodismo merece el comentario, las cosas positivas del hombre público y desde luego también la crítica analítica sin cuartel a quienes se convierten en verdugos del pueblo”. Y que quiere decir esto, Don Nacho? , a lo que repuso: repuso: “que a la menor intentona de violentar la libertad de prensa o lesionar los derechos de terceros, súbanle dos puntos a la columna (SIC)”. Al inquirírsele con este desparpajo simpático, repuso: “¡échenle chingadazos sin cuartel!”.

Amigo Víctor, en todo este tiempo, habría que preguntarles a varios los pollitos que nos hemos comido juntos. Adelante pues. Quienes poco tenemos, sabemos que el honrar, honra, entonces, lo único que podemos obsequiar es el reconocimiento, el afecto para quien se ha dado a respetar con valentía. Se te estima.

Los dos segmentos que faltan, los comentaremos, Dios mediante, el día jueves 16 de mayo.

El pensamiento de este día:

“La mejor universidad del periodismo es la lucha cotidiana en aras de las mejores causas y al que no le guste el fuste, que lo tire y monte a rais (sin acento por favor) y en el cabresto nos vemos.”

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