Un despido vergonzoso.

Quedó desamparada mucha gente.

Pero que bien. Llegó la austeridad al Congreso.

Muy “buen obsequio” del Congreso del Estado. A fines de la semana anterior, recibí una amable llamada de una secretaria en la se nos informaba que a partir del mes de mayo ya no se envira factura alguna por concepto de publicidad. La sentí compungida y le agradecí todas su atenciones y respeto a nuestra dignidad. Lo mismo a Alfonso G-avito y ahora a su relevo a la Señora Úrsula Lucero a quien le deseamos buena suerte.

Voy a referirme específicamente a tres casos con quienes se debió tener más consideraciones en el recorte.  El primero, ¿qué criterio aplicaron los señores diputados para eliminar a José Luis Licona, si fue todo un ejemplo de sobrevivencia para asistir a las sesiones?; ¿cuál fueron los argumentos para eliminar a Manuel Cadena quien tiene un medio informativo modesto, pero la verdad es una sola, no tiene largo ni ancho?; ¿cuál es la explicación para decir adiós a la Señora Armida Torres Valdez, tres veces galardonada y hoy, el certamen de periodismo lleva su nombre?. Por lo que a un servidor respecta, hace un año que no me presento en el edificio, por diversos problemas de salud, pero nunca dejamos de lado las actividades del poder Legislativo. Por lo tanto, a mí me pueden dar por muerto.

En política, las formas son fondo. Nada hubiera costado que nos llamaran y en una actitud formal nos hubiesen comunicado que ya no estaríamos contemplados como lo marcan las reglas del juego. Yo agradezco porque algunos se retrataron de cuerpo entero, salvo honrosas excepciones.

Debo también decir que algo dejó esa poda como lo llaman nuestros “distinguidos” diputados y diputadas, porque si ese recurso que se van a ahorrar (por más de veinte camaradas), ya estaba presupuestado. Se estima que será un ahorro de dos o tres millones de pesos. Nada pasará si los legisladores hacen uso transparente de ese recurso, ahorrado por cierto, gracias al infortunio de algunos compañeros.

En este tipo decisiones deben de tomarse otro tipo de criterios. No que me caiga bien o no una persona. No por el hecho de hacer críticas constructivas haya desquite con él o con ellos. Se trata de que  observen más arriba y se percaten de que el presidente López Obrador está abriendo el abanico y ahora con el problema con Trump, gobernadores priistas y panistas, fueron a manifestar al presidente, su solidaridad, ante la inminente presencia de un problema económico fuerte como lo es la imposición de aranceles. La situación estriba en que muchos morenistas se han sobreestimado, empezando por los representantes del señor presidente y los lame suelas ubicados en el pleno de un Congreso o refugiados tras un escritorio municipal. Legislar va mucho más allá de desquites, sino de buscar la manera de componer los errores, entre ellos quienes denigran al sistema presidencial, portando pavorosas armas en el senado de la República y a uno que otro despistado que piensa que Cota Monta Montaño, Agùndez Montaño e inclusive a quien he tratado con mucho respeto ya que conozco su origen y sus esfuerzos, serán los que seleccionen próximas posiciones políticas. Ya es hora que alguien haga llegar los expedientes de todas las barbaridades que hicieron en un pasado  cercano, sea del partido que fuere.

Por tanto, ratifico lo expresado hace unos días con respecto a la conducta rupestre para despedir a más de veinte comunicadores: referente a mi modesta persona, me sacudí el polvo de la suela de mis zapatos, por cierto, recogido a través de 57 años en el canino oficio, AMÊN.

El pensamiento de este día:

Se traduce en una anécdota acontecida en las extensas salinas de Guerreo Negro. El caso sucedió con una cuadrilla de trabajadores de sal que paleaban el mineral  hacia el depósito de grandes camiones que lo transportaban. La maquinaria la manejaba un personaje con fama de burlesco, venido del entonces Distrito Federal. A un silbatazo del medio día, se suspendían las labores y ahí mismo paraban los trabajos para tomar sus alimentos. Debemos de decir que el operador de la maquinaria desde arriba les gritaba: ¡desde aquí, desde lejos los veo, como a los conejos orejones y pendejos!. Era el pan de todos los días y como era el jefecillo, no se le podía decir nada. Pero, un buen da, llegó un ciudadano de San Ignacio, grueso como un roble y de 1.90 de estatura, cuya franqueza era famosa en la región. Llegó la hora de la comida y todos se dispusieron a tomar sus alimentos. Aquel tipo fatuo, volvió a exclamar: “¡desde acá arriba los veo desde lejos, como a los conejos orejones y pendejos”! La respuesta no se hizo esperar y  el ignaciano exclamó :¡ME! LAS AURAS VUELAN MÀS ALTO Y SE BAJAN A COMER CAGADA”!

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